Report at the maternity hospital of the Abbeville hospital. Cesarean delivery of a woman pregnant with twins. Scheduled intervention. Presence in the operating room of obstetrician gynecologist, internal doctor, nurse, midwife.

Cómo sea tratada la mujer durante esta intervención, qué información se le ofrezca y qué tipo de prácticas y cuidados se realicen en torno a la cirugía marcan el ritmo del proceso y su asimilación posterior

La Real Academia de la Lengua define la cesárea como una operación quirúrgica que se hace abriendo la matriz para extraer a una criatura. Pero para la ilustradora Marta Puig, conocida como Lyona, esa operación significó también angustia por separación y un posparto muy duro: “Mi parto fue una cesárea programada. Estuve atendida muy bien hasta que hicieron el corte, se ve que cortaron unos vasos sanguíneos y empecé a perder mucha sangre, a partir de ese momento todo se precipitó”. Después de enseñarle a su bebé, y una vez estabilizada, le dijeron que tendría que ir a la UCI un par de horas. “Supliqué que no fuese así, pero finalmente me llevaron a la UCI durante cuatro horas. Recuerdo sentir mucha ansiedad y estar preguntando todo el tiempo por mi hija, sin que nadie me dijera nada”, cuenta.

Después, ya en casa, Puig explica que el posparto fue bastante duro, sobre todo por la recuperación de la cesárea y la sensación de pérdida. “Me costaba levantarme de la cama y los primeros días no podía hacer nada, solo dar el pecho”, lamenta. Esto le generaba mucha culpa. Por otro lado, sentía como si le hubiesen “arrebatado el parto”. “Fue todo muy rápido, desagradable y no lo recuerdo como una buena experiencia”, sentencia.

Que la experiencia de pasar por un parto a través de cesárea sea positiva no solo depende de las expectativas de la madre. Cómo sea tratada la mujer, qué información se le ofrezca y qué tipo de prácticas y cuidados se realicen en torno a la cirugía, marcarán, como la batuta de un concierto, el ritmo del proceso y su asimilación posterior. “El problema surge cuando el nacimiento solo es una intervención y la mujer es tratada como si no estuviera”, explica Nazareth Olivera, matrona e IBCLC —profesional de la salud especializada en el manejo clínico de la lactancia materna—. Para la también autora de la guía Ser mamá (Grijalbo), una madre que tiene el apoyo profesional y familiar, que recibe a su bebé en su pecho y que puede establecer la lactancia, si así lo desea, va a tener una experiencia positiva de parto a pesar de la cesárea.

En el documento Contacto piel con piel en las cesáreas. Aspectos prácticos para la puesta en marcha, elaborado en 2017 por el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría —grupo asesor cuyo objetivo es la atención a la alimentación y nutrición infantil—, se insiste en que no son necesarios medios técnicos especiales, sino “disposición, formación y adecuada vigilancia” para llevar a cabo una cesárea que sea respetuosa tanto para la madre como para su bebé.

Según Susi Obiol Saiz, matrona y presidenta de la Associació Comares Comunitat Valenciana, una cesárea respetada sería aquella que contempla las necesidades y preferencias de la madre y de su familia en el contexto de las recomendaciones y cuidados en la atención al nacimiento. En ese sentido, pone como ejemplos el acompañamiento familiar, la evitación de la separación de la madre y su bebé, el pinzamiento tardío del cordón, el contacto piel con piel inmediato o el inicio temprano de la lactancia. “Es un proceso que se debe de evaluar en cada nacimiento, ya que no es lo mismo una cesárea programada, urgente o emergente”, señala. Y añade que el sentido común, la buena comunicación y la evaluación de cada uno de estos cuidados deben ser esenciales en este tipo de intervenciones.

Separación cero, también en las cesáreas

¿Tener una cesárea respetada hubiera cambiado el posparto de Marta Puig? Responde la ilustradora que es muy probable que así fuera, ya que esas primeras horas de ansiedad separada de su hija, sin saber cómo estaba, diciendo que ya se encontraba bien para que la llevasen con ella, la marcaron profundamente.

Muy distinta fue la experiencia de Rebeca González. Ella sí reconoce haber vivido una cesárea en la que se sintió cuidada y respetada en sus deseos. La suya fue programada por presentación podálica —cuando el bebé viene de nalgas—, pero tuvo que cambiar de hospital en el último momento porque en el que había elegido en primera instancia ya sabía que su pareja no podría entrar en quirófano y que, muy probablemente, también habría separación del bebé. Fue a otro centro hospitalario recomendado por su matrona. “El ambiente en el quirófano era muy bueno, me trataron con mucho cariño. El momento de la cesárea diría que fue tranquilo, pero porque tenía a mi pareja al lado sosteniéndome la mano”, recuerda, y asegura también que no concibe ese momento en el que oyeron por primera vez llorar a su hija sin la mirada cómplice entre ambos. Sobre su recuperación, cuenta que fue “increíble”, y que la misma noche estaba de pie: “Me dieron el alta precoz porque me encontraba muy bien. Creo que influyó mucho que pudimos tener horas y horas de piel con piel con la niña”.

El contacto piel con piel debe comenzar desde el nacimiento para todos los bebés, independientemente de cómo vengan al mundo. Así lo señalan entidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o expertos pioneros en el estudio de los cuidados madre canguro, como el pediatra y neonatólogo Nils Bergman. Entre las repercusiones de la separación de la díada en el parto, en la literatura científica se han descrito efectos como una peor vivencia del parto, un mayor riesgo de patologías de salud mental perinatal o dificultades en el establecimiento de la lactancia y del vínculo, entre otros. “Además de la evidencia, tenemos el sentido común y la humanidad de respetar un derecho humano tan básico como no separar a una madre de su recién nacido”, asegura Nazareth Olivera. Entre los beneficios, la matrona señala una mejor transición del bebé a la vida extrauterina, regulación de su temperatura corporal y disminución del gasto energético; mayor posibilidad de éxito de la lactancia, si es el deseo materno; aumento del nivel de oxitocina en madre y bebé protegiendo la vinculación y disminuyendo el riesgo de hemorragia posparto; y protección del vínculo afectivo madre y bebé.

“Si se tiene en cuenta que cerca de un 25% —datos del INE de 2022— de los nacimientos en España son por cesárea —cifra superior a la recomendación de la OMS de no superar entre el 10% y el 15%—, “la no adaptación de los protocolos a las recomendaciones para una cesárea humanizada provoca que casi uno de cada cuatro recién nacidos y sus familias sean privados de un nacimiento digno”, analiza Susi Obiol Saiz. Por ello, considera necesario no solo poner el foco en las causas de este abuso de una cirugía mayor, sino también en la calidad de atención de esta práctica cuando es realmente necesaria.

La violencia obstétrica en las cesáreas

Para la matrona Laia Casadevall, autora de libros como Guía para un embarazo consciente (Vergara, 2021), el problema no son las cesáreas que son necesarias, sino la violencia asociada en muchas ocasiones a los partos por cesárea, lo que daña a las mujeres y sus experiencias. “Cuando me formé en Inglaterra hace más de 10 años, jamás se separaba a una madre de su bebé en una cesárea, ni de urgencia ni planificada. Tampoco se la separaba de su pareja ni se le ataban los brazos”. Por el contrario, Casadevall cuenta que en ese país se hacía piel con piel con la madre de forma rutinaria e inmediata después del nacimiento; se ponía la música que ella eligiera; y se le informaba en todo momento del proceso: “Era parte activa de su parto por cesárea”.

Según la matrona, en España aún se está luchando para que todos esos procedimientos básicos formen parte de los cuidados estándar del parto por cesárea e insiste en la violencia implícita: “El trato irrespetuoso, las separaciones rutinarias, los brazos atados o ignorar las preferencias y deseos de la mujer que está dando a luz a su bebé es violencia”. Considera también que se culpa a las mujeres de “tener unas expectativas demasiado altas”, cuando es el sistema el que está fallando: “Urge cambiar las cosas. No olvidemos que el parto deja una huella imborrable en nuestro cerebro para siempre”.

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